¿Por qué no dejamos de ser racistas?

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El racismo (o etnocentrismo) nace de la ignorancia de cada uno de nosotros hacia el resto del mundo. Es una actitud instintiva, defensiva, irracional, estúpida. Una manera equivocada de vivir el ambiente, a los otros y una oportunidad perdida para el crecimiento colectivo que siempre se vale de la capacidad de intercambiar experiencias entre diferentes.

Escuchando un video del profesor Stefano Mancuso, sobre cuál sea la definición de inteligencia y si se pueden definir como inteligentes formas de vida diferentes a la nuestra, se me ocurren algunas observaciones. Stefano Mancuso es un botánico docente del Departamento de Agricultura, Alimentación, Ambiente y Silvicultura de la Universidad de Florencia.

El propósito de todo ser viviente es la supervivencia

El profesor nos explica que estamos acostumbrados a considerar la inteligencia como la capacidad de resolver problemas y por lo tanto de adaptarse a la situación ambiental. ¿Con qué propósito? El propósito de todo ser viviente en la Tierra es la supervivencia. Ahora bien, nosotros somos una especie que vive desde hace 300,000 años, mientras los mamíferos tienen un promedio de 1-2 millones de años, y el promedio de vida de todas las especies vivientes en el planeta es de 5 millones de años. O sea, debes llegar al menos a 5 millones de años para demostrar un nivel de adaptabilidad promedio, como las otras especies.

¿Lograremos vivir otros 4.7 millones de años más?

Por cómo van las cosas, la humanidad, o sea nosotros de la especie homo sapiens, estamos destruyendo tanto el ambiente en el que vivimos, que no sé si seremos capaces de vivir otros 4.7 millones de años y alcanzar el promedio. Si lo hacemos habremos demostrado estar en el promedio de las especies inteligentes. Si desaparecemos antes habremos demostrado ser una de las especies vivientes más estúpidas que jamás hayan aparecido en el planeta.

Todos los seres animados pesan como máximo el 0.3% de la vida en la Tierra

Dice Mancuso que si pudiéramos tomar todos los seres animados, nosotros y los otros mamíferos, los peces, las aves, los insectos, y pudiéramos ponerlos en una balanza, todos juntos, como máximo seríamos el 0.3% del peso de la vida en la Tierra. Las plantas serían en cambio el 86%. Luego están los hongos con el 1.2% y otros invertebrados. En resumen, ¿cómo podemos decir que nosotros somos los únicos organismos inteligentes en la Tierra si contamos tan poco? Si fuera verdad, deberíamos deducir que los otros organismos son todos estúpidos, ¿o sea que el 95% y más de los organismos vivientes en la tierra son estúpidos? ¿Es posible?

Las plantas están en el planeta desde hace 1.5 mil millones de años

Las primeras plantas aparecieron en tierra firme hace aproximadamente 450-470 millones de años, durante el período Ordovícico, pero su historia evolutiva comienza mucho antes con las algas que tenían las primeras formas de fotosíntesis. Estos primeros organismos vegetales terrestres eran pequeños y simples, similares a las modernas briófitas como musgos y helechos, y representaron un paso fundamental para la colonización del planeta por parte de la vida vegetal. Las plantas acuáticas incluso aparecieron hace 1.5 mil millones de años. Ahora, si durante todo este tiempo han logrado sobrevivir y progresar, ¿algo querrá decir? También deberíamos tener en cuenta que nosotros mismos, animales, debemos a las plantas la posibilidad de existir. Porque nosotros vivimos gracias a la posibilidad de respirar oxígeno, un gas que constituye el desecho de la vida de las plantas. Sin plantas no habrían existido los mamíferos, las aves, los reptiles, en fin todos los seres que respiran.

Nosotros somos la medida con la que analizamos el mundo, equivocándonos

Por cómo estamos hechos, o sea con un cerebro que es el centro vital de nuestras decisiones y los varios órganos vitales, con los cuales se compone nuestro organismo: un corazón, un hígado, dos pulmones, el páncreas, el estómago, el intestino, los ojos, las orejas, las extremidades, etc., somos seres muy vulnerables. Basta con comprometer uno de los órganos vitales y estamos en peligro de vida o completamente muertos. No es así para otros animales y no es así para otros organismos vivientes, como las plantas. Las plantas no se pueden mover. No son animadas, de donde deriva la palabra animal. Los animales, categoría a la cual nosotros pertenecemos, frente a un problema pueden moverse y decidir evitarlo. ¿Hace mucho calor, mucho frío, hay un obstáculo en el camino, otro animal nos está atacando? No resolvemos el problema, a menos que seamos capaces de matar a quien nos ataca, pero somos capaces de movernos y de evitar el problema. La planta no puede hacerlo y ha sido obligada en el tiempo a adoptar otras soluciones de defensa.

Construimos todo según el modelo en el que estamos hechos

Desde la organización social, hasta la familiar, empresarial, deportiva… los mismos automóviles, la maquinaria que construimos, todo es a nuestra semejanza. Un jefe, órganos periféricos, órganos productivos… Nosotros somos el modelo. Como seres humanos estamos acostumbrados a concebir el mundo según nuestros parámetros culturales y físicos. Nosotros somos la medida de todas las cosas. Si un ser es demasiado más pequeño no lo tomamos en consideración: una ameba, un organismo unicelular, un mosquito, para nosotros no tiene ninguna relevancia. Sin embargo, el estudio de la biología ha demostrado que existen organismos unicelulares que se comportan como nosotros: se defienden, se mueven, comen, se unen, etc… Igualmente estamos acostumbrados a pensar que alguna inteligencia existe solo entre los seres animados. Ha costado mucho entenderlo pero por ahora hemos aceptado que también otros animales, y no solo los chimpancés que están más cerca nuestro como ADN, sepan encontrar soluciones de adaptación al ambiente.

El estudio de las plantas demuestra que también ellas son organismos vivientes inteligentes

Aún no aceptamos la idea de que esto valga en igual medida para las plantas. Sin embargo las plantas se comunican entre ellas, se adaptan, desarrollan sistemas de defensa, aprenden y tienen memoria. Muchos estudios efectuados desde el 1700 ya lo confirman. Aunque las plantas muestran comportamientos complejos de respuesta y adaptación, el concepto de «inteligencia» vegetal es controvertido en la comunidad científica. Seria más preciso hablar de «comportamientos adaptativos complejos«. Sin embargo Mancuso habla de inteligencia.

Desde hace tiempo nos preguntamos si las plantas tienen también una forma especial de sensibilidad y la sepan reconocer en el mundo que las rodea. Parece que es posible. Se me ocurre sonreír pensando en los «animalistas» y en los «vegetarianos«. Cuando arrancas, cortas y comes un vegetal en el fondo estás matando un ser viviente, exactamente como una vaca, una oveja o un cerdo. ¿Cómo la vemos con la ética vegana?

Bastaría el concepto de guerra para definir estúpida a la humanidad

La guerra no existe en la naturaleza. Existen comportamientos agresivos intraespecíficos que pueden resultar en muerte, aunque raramente amenazan la supervivencia de toda la especie. Algunas hormigas, por ejemplo, tienen comportamientos que podrían considerarse «bélicos». Nosotros arriesgamos desaparecer si estalla una Guerra Atómica pero también solo si insistimos en producir consumiendo más de los recursos disponibles.

La consideración más importante que me ha suscitado la reflexión del profesor Mancuso es el comportamiento individual hacia nuestros semejantes. Nosotros somos el metro con el que medimos todas las cosas. Nacemos en una cultura, aprendemos un idioma y unas maneras de pensar y unos valores y cuando encontramos un hombre de otra cultura, con un color de piel diferente, tal vez con rasgos físicos diferentes y que habla otro idioma, estamos instintivamente llevados a rechazarlo. No lo consideramos semejante a nosotros, porque exteriormente no lo es. Aun cuando la ciencia nos ha explicado que las razas no existen, que somos todos una única raza pero con conocimientos étnicos y variaciones geograficas diversas, nos negamos a creer en la ciencia y creemos solo en lo que vemos.

No basta la propia experiencia individual para poder juzgar el mundo

Nuestra experiencia individual se vuelve la base sobre la cual formular nuestros conceptos completamente pseudocientíficos, más bien acientíficos. Me viene a la mente el pobre general Roberto Vannacci, ya tomado como símbolo de esta «ignorancia cultural» de la cual es víctima la gran mayoría de la humanidad. No basta el conocimiento empírico relativo a un círculo restringido de conocimientos para entender el mundo. De aquí desciende la actitud etnocéntrica de los colonialistas, al tratar a los pueblos conquistados como salvajes, cuando en cambio eran poseedores de culturas diferentes, con capacidades y sensibilidades diferentes a las suyas. Los españoles encontraron los imperios Maya, Inca, los Aztecas que no podemos descartar como pueblos salvajes.

Deberíamos ser más humildes y tratar de entender antes de negar

De aquí desciende la incomprensión entre pueblos vecinos, basada principalmente en la lengua y en las costumbres, como también una alimentación diferente y una manera diferente de trabajar o de tratar al prójimo. Estamos acostumbrados a considerar la capacidad económica de las personas como metro para juzgar su importancia, en vez de tomar como modelo la capacidad empática, la sensibilidad, la intuición. En sustancia deberíamos ser más humildes y más atentos observadores y entender que antes de juzgar y de rechazar otros organismos vivientes, relegándolos a los últimos escalones de nuestro respeto, hay que detenerse y tratar de saber, de entender, cuáles podrían ser los puntos de contacto, más que aquellos de división.

Saber distinguir el bien del mal

Como han visto no abordo el tema de los valores religiosos, porque, como decía la astrofísica Margherita Hack: «No es necesario tener una religión para tener una moral, porque si no se logra distinguir el bien del mal lo que falta es la sensibilidad, no la religión«

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Carlo Raspollini
Carlo Raspollinihttps://italodescendientes.com/
Licenciado en Ciencias Sociales en Universidad de Trento (Italia). Periodista, presentador, autor, director y productor con una destacada trayectoria de más de 40 años en la Rai y otras cadenas líderes de radio y televisión en Italia. Especialista en consultoría gastronómica y sumiller AIS. Ideator de Eventos internacionales y format para radio-tv-web, combinando su pasión por la comunicación, marketing, advertising, con la cultura enológica y el medio ambiente.

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