En el 2025, el Caribe y América Central han enfrentado prolongadas interrupciones del suministro eléctrico. En marzo, un fallo masivo dejó a República Dominicana sin luz durante casi 20 horas.Países como Cuba, Puerto Rico, Honduras, Nicaragua y Panamá han registrado interrupciones prolongadas, por sobrecargas, falta de mantenimiento o corrupción en los contratos públicos.
En marzo de este año, una gran parte de República Dominicana quedó a oscuras por una falla en la red de distribución eléctrica. Dejó sin suministro a más de tres millones de personas, provocando pérdidas en comercios, aeropuertos y hoteles. “No fue solo un apagón, fue una muestra de nuestra fragilidad energética”, reconoció el ingeniero dominicano Julio de Peña, consultor del sector.
El episodio no fue aislado. En Cuba, los apagones son ya parte del día a día: en julio, la central de Felton colapsó y dejó a más de la mitad del país sin electricidad. En Puerto Rico, donde se supone que la red es más moderna, una tormenta menor en agosto bastó para dejar 600.000 hogares sin energía durante tres días. Y en Honduras y Panamá, cortes prolongados afectaron industrias y zonas rurales enteras durante semanas.
Redes viejas, dependencia fósil y corrupción
En casi todos los casos, las causas profundas son las mismas: redes envejecidas, dependencia de combustibles fósiles y corrupción estructural.
Aunque los gobiernos suelen culpar a tormentas o huracanes, los informes técnicos revelan una realidad distinta. Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), más del 60% de la energía en la región se genera aún con fuel oil, diésel o gas natural, la mayoría importado.
“Cada barril de petróleo que llega a estos países tiene una cadena de intereses detrás”, afirma María López, investigadora del Observatorio Latinoamericano de Energía. En República Dominicana, auditorías recientes revelaron contratos inflados en la compra de fuel oil. En Guatemala, la justicia investiga sobornos vinculados a licitaciones de plantas térmicas. En Panamá, empresas con vínculos políticos fueron señaladas por sobrecostos en el mantenimiento de subestaciones.
El ejemplo de Puerto Rico: energía desde la comunidad
Frente a este panorama, Puerto Rico ofrece una alternativa inspiradora. La isla, devastada por los huracanes María (2017) y Fiona (2022), decidió impulsar un modelo de microgrids o microrredes comunitarias.
La más conocida es la de Adjuntas, donde la cooperativa Coquí Solar instaló paneles y baterías que abastecen comercios, escuelas y centros médicos. “Por primera vez no dependemos del gobierno ni de LUMA Energy. Cuando la red cae, nosotros seguimos con luz”, cuenta Rosa Morales, una de las fundadoras del proyecto.
Gracias al apoyo del Departamento de Energía de EE.UU. y de fundaciones privadas, otras comunidades de Vieques, Culebra y Loíza están replicando el modelo. Las microgrids se convirtieron en símbolo de autonomía energética y resiliencia social.
Un sol que no se aprovecha
Paradójicamente, los países del Caribe y Centroamérica figuran entre los de mayor irradiación solar del planeta. Según el Banco Interamericano de Desarrollo, la región podría cubrir el 80% de su demanda eléctrica con energía solar y eólica, si existiera inversión sostenida y voluntad política.
Solo República Dominicana tiene potencial solar equivalente a 40 veces su consumo actual, y en Cuba, las provincias orientales registran niveles comparables al desierto del Sahara. Sin embargo, los subsidios al petróleo siguen siendo la norma, y los proyectos renovables enfrentan burocracia, intereses privados y corrupción.
Turismo verde: una oportunidad económica
El turismo, principal motor económico de la región, podría ser un aliado natural en esta transición. Los visitantes internacionales valoran cada vez más los destinos sostenibles, y resorts en Punta Cana, Guanacaste o Bocas del Toro ya se promueven como eco-friendly.
“Si apostáramos seriamente por la energía limpia, ganaríamos doble: reduciríamos la dependencia del petróleo y mejoraríamos nuestra imagen ante el mundo”, señala Francisco Guerrero, empresario turístico costarricense.
Energía limpia, poder limpio
La crisis energética en el Caribe y Centroamérica no es solo técnica: es política.
Los apagones son el síntoma visible de un sistema que privilegia la importación de combustibles fósiles y perpetúa redes de poder y corrupción. Sin embargo, experiencias como las microgrids puertorriqueñas demuestran que una transición verde es posible —si los gobiernos facilitan el camino y las comunidades asumen el control.
En una región bañada de sol, el futuro podría ser luminoso. Solo falta decisión para encender el cambio.
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