Antonio Tajani, ministro de Asuntos Exteriores, presentó en el Consejo de Ministros un decreto para la reforma de la ciudadanía ius sanguinis, aprobado por unanimidad por el Gobierno el pasado viernes 28 de marzo.
La reforma es absolutamente injusta y equivocada, profundamente perjudicial y punitiva hacia los emigrantes italianos en el exterior y sus descendientes: muchos de ellos se sienten italianos en todos los sentidos, más allá de si tienen el pasaporte o no.
¿Cómo es posible que se prefiera conceder la ciudadanía a hijos de inmigrantes que han llegado a nuestro país, y que no tienen nada de italiano, en lugar de a los descendientes de nuestros emigrantes? ¡Esto es una locura!
Se insiste además en que con la reforma del ius sanguinis la red consular podrá finalmente “respirar”: el trabajo en los consulados será más ágil y los servicios dirigidos a “los italianos en el exterior, los verdaderos” serán más eficientes.
¿Pero acaso los descendientes de italianos en el extranjero no son “italianos verdaderos”? ¿Son quizás italianos de segunda clase? Esta visión política y cultural de Tajani y de todo su partido es simplemente inaceptable, y desde el MAIE la devolvemos al remitente.
La verdad es que son precisamente los italianos y sus descendientes los mejores embajadores de Italia más allá de las fronteras: con su trabajo, con su estilo de vida italiano, difunden y promueven en el exterior nuestra cultura, nuestra lengua, las excelencias del made in Italy, alimentando también así las exportaciones y la economía italiana.
El problema de un sistema que no funciona a nivel global, como el “Prenotami”, la escasez de personal en los consulados, los recortes del Ministerio, no se resolverán con este decreto.
La falta de sensibilidad hacia los italianos en el mundo y sus descendientes no solo resulta ofensiva para quienes, con sacrificios, tuvieron que llevar a sus familias a vivir fuera de Italia, sino también para las nuevas generaciones que viven en el extranjero: profesionales, emprendedores, que tienen en común con sus antepasados un denominador mínimo: la sangre italiana.
Como MAIE reiteramos: quien tiene sangre italiana, es italiano. Haremos nuestra parte en el Parlamento para evitar que esta reforma termine excluyendo a generaciones enteras de italianos que tienen todo el derecho a ser reconocidos como tales.
✍️ Vincenzo Odoguardi
Vicepresidente del MAIE – Movimiento Associativo Italiani all’Estero
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