Como cada año en octubre, del 13 al 19 del mes se celebrará la Semana de la Lengua Italiana. Se esperan cientos de actividades, una labor que tiene como objetivo analizar el tema de este año: “Italofonía: la lengua más allá de las fronteras”. En este contexto Italia siempre tuvo un embajador de todo respeto, las comunidades de descendientes que, a pesar del paso del tiempo, han mantenido una fuerte conexión con el país de origen. Italia no siempre ha sido benigna con ellas. Conocemos las problemáticas, el decreto Tajani refleja la situación actual, que de un lado recorta los lazos y del otro pide un mayor compromiso en la difusión de nuestro idioma y de nuestra cultura. Una contradicción típica de ciertos ambientes políticos que, en su paradoja, reconoce la importancia de la labor de los italianos al exterior.
Se estima que actualmente aproximadamente 2,5 millones de personas hablan italiano en Latinoamérica, con una presencia significativa, como sabemos, en Argentina, Brasil y Venezuela. La contundencia del legado italiano es tal que hemos exportado, a la par de nuestro idioma nacional, también los dialectos, como demuestran unas cuantas islas lingüísticas a lo largo del continente americano. En Centroamérica, Guatemala y Costa Rica lideran nuestra presencia. Aquí, la comunidad de descendientes de italianos se ha fortalecido a finales del siglo pasado gracias a una importante colonia de emigrantes que ha renovado el interés por la lengua y la cultura italianas, logrando un gran progreso en el ámbito empresarial, con el sector culinario como motor principal. No solamente Italia igual a gastronomía, sino también a arte, a cultura, a turismo, a música, a moda. Esto ha también desencadenado un resurgimiento que ha llevado a cientos de jóvenes, cuyos antepasados provenían de nuestra península, a manifestar su interés para Italia. Recordemos que en Costa Rica el 7.5% de la población tiene ancestros italianos.
Hay que preservar la italofonía como un tesoro invaluable. Sin duda, más allá de las consignas que los políticos tradicionales suelen mantener a toda costa en busca de consenso, debemos actuar y generar apoyo para quienes están en primera línea en el extranjero. Los italo descendientes y con ellos los italianos que han emigrado recientemente han contribuido y siguen contribuyendo de forma fundamental a la difusión de la cultura italiana. A su lado, la tenacidad, la perseverancia y el amor por la patria y sus orígenes son más fuertes que cualquier obstáculo. Preservar la lengua significa mantener viva la identidad, mantener intacto el vínculo con las raíces y transmitir este conjunto de valores a las nuevas generaciones.
Otra contradicción. Afuera, al amparo de estas comunidades, se protege más el idioma. En Italia, en el territorio nacional, estamos asistiendo a un cambio importante en el manejo de la lengua, cual es la proliferación de vocábulos ingleses, que han invadido cualquier ámbito
comunicativo. En resumidas cuentas, la batalla para mantener vivo el italiano se juega más en casa que en el exterior. El primer paso es frenar el uso desmedido de anglicismos. Empecemos a comprender y apreciar nuestra lengua, y crearemos el sentido de identidad colectiva que hará realidad el puente cultural que la italofonía debe proporcionar entre el país de origen y el resto del mundo