A partir del 28 de marzo de 2025, entra en vigor un decreto gubernamental que modifica profundamente el acceso a la ciudadanía italiana por descendencia. La medida fue presentada oficialmente por el Ministro de Asuntos Exteriores, Antonio Tajani, quien declaró:
“Te conviertes en ciudadano italiano si tienes ciudadanía italiana hasta tus abuelos. Para los demás, nada”.
Esta declaración marca el fin de una era de reconocimiento amplio del ius sanguinis, y abre una etapa de restricción legal, burocrática y simbólica para millones de descendientes de italianos en el mundo.
Nuevas reglas sobre la ciudadanía italiana por descendencia
El decreto establece que solo quienes puedan demostrar ascendencia italiana hasta los abuelos podrán obtener la ciudadanía italiana por derecho de sangre. Esta medida deja fuera a bisnietos, tataranietos y generaciones posteriores, incluso si la línea genealógica nunca se interrumpió.
El impacto será especialmente fuerte en América Latina, donde miles de familias descendientes de emigrantes italianos han mantenido sus raíces vivas durante más de un siglo.
¿A quién afecta esta nueva norma?
Los grupos más afectados por esta medida son:
- Descendientes de italianos de cuarta generación o más.
- Solicitantes en países como Argentina, Brasil, Uruguay, México, Venezuela y Estados Unidos.
- Familias que ya estaban en proceso de recopilación de documentación.
- Jóvenes que esperaban estudiar o trabajar en la Unión Europea con pasaporte italiano.
Hasta el 28 de marzo de 2025, bastaba con demostrar una línea directa de sangre con un ciudadano italiano sin interrupciones en la cadena de ciudadanía. Desde esa fecha, el límite de los abuelos corta drásticamente ese acceso.
Análisis político detrás del decreto
Esta reforma no es solo técnica. Tiene una motivación política clara: reducir la cantidad de nuevos ciudadanos que podrían votar desde el exterior. La medida tiene el respaldo de sectores conservadores del gobierno actual.
Y aquí conviene recordar, con elegancia pero sin ambigüedades, que muchos de los descendientes que en las últimas elecciones votaron por Forza Italia, lo hicieron con la esperanza de fortalecer el vínculo entre Italia y sus comunidades en el exterior.
Sin saberlo, eligieron a su propio VERDUGO: un partido que, una vez en el poder, ha promovido leyes que los excluyen de su legítimo derecho a pertenecer.
Consecuencias para la comunidad ítalo-descendiente
Las implicaciones de este decreto son profundas:
- Pérdida de identidad legal: millones de personas ya no podrán ser reconocidas como ciudadanas italianas.
- Fractura cultural: la decisión crea distancia entre Italia y su diáspora histórica.
- Impacto económico y profesional: jóvenes que planeaban trabajar, estudiar o emprender en Europa pierden oportunidades.
- Reducción del voto exterior: menos ciudadanos fuera de Italia significa menos participación electoral internacional.
¿Qué caminos quedan disponibles?
Quienes queden excluidos por la nueva normativa aún pueden explorar otras vías, aunque mucho más difíciles y costosas:
- Ciudadanía por residencia: requiere vivir en Italia varios años con permisos válidos.
- Naturalización por matrimonio: para quienes se casen con ciudadanos italianos.
- Recurso legal individualizado: en algunos casos, se podrá apelar ante tribunales administrativos.
Esquema conceptual para presentaciones
Ciudadanía italiana por descendencia
→ Fecha clave: 28 de marzo de 2025
→ Límite impuesto: hasta los abuelos
→ Afectados: bisnietos y generaciones posteriores
→ Consecuencias: exclusión legal, pérdida de identidad, fractura cultural
→ Motivación política: reducción del voto exterior
→ Partido responsable: Forza Italia
Reflexión final
La ciudadanía italiana representa mucho más que un pasaporte. Es pertenencia, es historia, es sangre. Con esta nueva norma, Italia decide dar la espalda a millones de descendientes que mantuvieron vivo el legado de sus nonni. Y lo hace con frialdad, eliminando de un plumazo la continuidad de una identidad construida a lo largo de generaciones.
Frente a esta decisión, es imprescindible estar alerta, organizados y conscientes de lo que implica políticamente: una ciudadanía restringida es una democracia debilitada. Y cuando se vota sin memoria, a veces se elige al verdugo con una sonrisa.
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